Conferencia de Eduardo Duhalde en el Club Europeo. Lunes 25 de agosto 2008.

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Palabras pronunciadas por el doctor Eduardo Duhalde, en el Club Europeo

Desde el regreso de la Democracia, insistí con que la Argentina tiene un destino marcado de progreso, por esa potencialidad que el mundo va a necesitar cada vez más en el futuro.

Es aquí donde se pueden producir proteínas en la cantidad, con la calidad y con las ventajas competitivas que se produce, no en otra parte. A veces, los argentinos y los sudamericanos sabemos de nuestra potencialidad, pero no la dimensionamos. En ese marco, la ausencia en Sudamérica, más allá de la proveniencia política o ideológica, de un pensamiento estratégico, es por demás evidente.

Europa sale de la Guerra y la mayoría de los países deslumbrados por el fenómeno soviético, aplican una economía mixta pero de fuertísima preponderancia estatal.

Cuando el doctor De la Rúa era presidente, nueve meses antes de que se derrumbara el gobierno y renunciara, en una carta publicada en los diarios Clarín y La Nación, puse de manifiesto esto que había hecho la Unión Europea y les planteaba la necesidad del desarrollo productivo como salida a la crisis que vivíamos. En ese momento, al llegar al mes de julio, la depresión económica que se veía venir era algo inevitable

Entonces creamos el Movimiento Productivo Argentino, del cual participaron las cuatro entidades agropecuarias con los mismos dirigentes que ustedes ven ahora. El doctor Raúl Alfonsín, que tres meses después iba a ser mi competidor, quien dejó de lado esa contienda, participó porque era muy grave la situación que ya visualizábamos. La salida era el desarrollo productivo, esa enorme potencialidad: no podíamos seguir ajuste tras ajuste porque el final era inevitable. Cuándo a mí me preguntan, ¿Usted por qué devaluó? contesto que, cómo no iba a devaluar; quién creía en el peso argentino, quién iba a cambiar un dólar por un peso. Las cosas se iban precipitando.

Con el tema del desarrollo productivo vengo trabajando desde hace muchísimos años, tratando de convencer. El doctor Carlos Brown fue el primer ministro de Producción que tuvo la provincia de Buenos Aires. Sí, como escuchan, la provincia más productiva del país no había tenido nunca un ministro de la Producción.

Asumí como presidente, en medio del derrumbe, también con un ministro de la Producción, para poner en marcha mis experiencias en el peor momento de la Argentina. Yo estaba convencido que se salía, les causaba hilaridad a los periodistas cuando les decía que estábamos condenados al éxito. Lo dije en marzo, que el nueve de julio íbamos a festejar la salida de la depresión económica y que íbamos a terminar ese año con un crecimiento pequeño, con un superávit de más de 7000 millones de dólares, con una tasa del seis por ciento de crecimiento. Pero no es porque tenga más conocimientos que otras personas, sino porque sé de la enorme potencialidad de nuestro territorio.

Estoy convencido que la potencialidad nuestra es tan grande que, si tenemos un programa de desarrollo estratégico, se podría llevar a cabo. Pero este país se maneja por impulsos, un día le dicen en el oído a la Presidenta o a su esposo que hay que hacer un tren bala, y dicen vamos hacer el tren bala. O se estatiza Aerolíneas Argentinas, y dicen que la gente está contenta con eso.

El Estado y el fomento de carreras ligadas a la producción

Es el Estado el que debe impulsar a los jóvenes para que estudien determinadas carreras; tienen que incentivar esas carreras de alguna forma, como ocurre en Chile, donde el diez por ciento de los que se reciben tienen que ver con lo productivo, o como acontece en China, con el treinta y dos por ciento de los egresados. Acá sólo el uno por ciento de los profesionales tiene algo que ver con el sistema productivo. Tiene que estar en el gabinete productivo el secretario de Educación, como también el secretario de Energía, porque es necesario para plantear el desarrollo productivo

En realidad el único camino que tenemos es que se convenza la gente, los dirigentes, los jóvenes; primero que hay que incorporar sangre nueva, de productivistas, a las fuerzas políticas. En Brasil el treinta y cuatro por ciento de los que integran el Congreso surgen del sector productivo

Ni más ni menos que los sectores de la producción tienen que llenar los ámbitos que hoy solamente están ocupados por políticos. Hace muchos años, Alberdi hablaba sobre las diferencias que había entre los parlamentos anglosajones y los hispanoamericanos. Decía que los parlamentos anglosajones están cubiertos de farmers e industrialistas y los hispanoamericanos de abogados y de gente de pueblo. En ese pequeño detalle está la gran diferencia.

Para no ir siempre a Europa voy a tomar el ejemplo de las universidades de Brasil, donde el Estado necesita determinado tipo de profesionales y lo comunica. Acá no se sabe qué se necesita, no hay una estructura organizativa que conciba a la educación como parte integrante del desarrollo de las potencialidades de un país. El otro tema importante, con el cual yo coincidía con el doctor Favaloro, es el ingreso ilimitado a cualquier carrera, hecho que no ocurre en otros países. Después la Presidenta se quejaba que se reciben muchos abogados, y qué hacemos para que no se reciban tantos. Nos es de casualidad que se reciben muchos, lo que pasa es que los políticos son todos abogados.

Producir, producir…y producir

A poco de asumir como gobernador bonaerense, me reuní con todos los intendentes del interior de la provincia y les pregunté, ¿qué tareas son las más urgentes que tienen que realizar? Todos contestaron lo mismo: caminos rurales, arreglar el hospital, el hogar de ancianos, las escuelas. Cuando terminaron de hablar les dije: Ustedes se olvidan de la tarea más importante que tienen que hacer; todo lo que ustedes me han dicho lo podría hacer, con ventaja económica, una cooperativa de servicios. Lo más importante es lo que ustedes hagan a favor de la productividad de su municipio y de su región!!!!

Me contestaron: qué vamos hacer sino tenemos plata, estamos fundidos!!!!

Les dije, cuánto les cuesta hablar con los tres o cuatro empresarios del pueblo que se hicieron de abajo y que hoy son hombres reconocidos como triunfadores, y decirles, los vamos a llevar a hablar en las escuelas con los chicos para que cuenten su historia. Cuánto les cuesta rodear de prestigio social a quienes se inician en la actividad económica???

Pesificación , aclaración y disidencias

Tal vez me pude haber equivocado como Presidente en la pesificación o en otras cosas, pero cuando lo hice sacaron en los diarios –a los que no se les cae una idea vinculada con lo productivo- , que Duhalde hace eso para beneficiar a las grandes empresas.

En primer, lugar las grandes empresas estaban financiadas en el exterior y no se beneficiaron. Dije lo que dije toda mi vida, únicamente un presidente imbécil puede no defender a sus grandes empresas. Porque únicamente en la Argentina pasa eso.

Mi primera disidencia pública con el doctor Kirchner fue cuando lo atacó a Franco Macri, y expuse mi pensamiento: el problema no es que Argentina tenga un Macri, el problema es que no tenga mil Macris.

Creemos que apoyar al empresario es mala palabra y ese pensamiento tiene que cambiar. El ejemplo lo tenemos en España: el treinta por ciento del producto bruto, lo constituyen remesas de las empresas españoles en el exterior, que mandan las ganancias a España. El treinta por ciento del bienestar de los españoles depende del exterior.

En tanto nosotros nos cansamos de despotricar y nos llevan todas las empresas. Hemos perdido toda la industria frigorífica; no lo critiquemos a Brasil, ellos hacen lo que hay que hacer. A los empresarios argentinos –yo tengo contacto con muchos de ellos-, si hoy les quieren comprar sus fábricas, venden, porque no tienen seguridad, tienen miedo que les pidan parte de la empresa. Así no se puede crecer, hay que crear ese clima vital y el Estado tiene que estar apoyando y protegiendo lo nuestro.

Es inaudito balbucear que vamos a resolver el problema de los que menos tienen, de los que han quedado afuera. Se hace trabajando, se hace creando riquezas, esa es mí creencia porque aunque uno no quiera ser muy crítico, algo anda mal. Hace seis años que venimos creciendo al porcentaje que ustedes conocen y sin embargo las cosas están mal para mucha gente.

Volvemos al tema de las estructuras productivas que es lo que yo digo que no existen en la Argentina

Acá no tenemos ni las estructuras mínimas desarrolladas y las que hay no las conoce nadie. Hay un desinterés del Estado por inculcar eso, y es indispensable en el primer grado institucional que, son los municipios, el sector estatal más cercano a la gente

Un ejemplo práctico lo expusimos durante mi gobernación: duplicamos la producción mielera de la provincia. Creamos 25 mil microempresas, de esas el veinticinco por ciento eran mieleras y Argentina se ubicó al tope de la producción mundial.

Hoy puedo explicar en detalle como resolvimos la crisis terminal cuando asumí la presidencia: se nuclearon los empresarios, las ONGs, y fuimos creando una estructura para poder gobernar. Pero teníamos claro cuales eran las tres cosas que debíamos hacer: mantener la institucionalidad –era el quinto presidente en diez días- pacificar el país, – la gente en muchos lugares estaba con la escopeta en el techo por si venían a robarles a sus casas o country- y había que cambiar las bases del modelo económico y social, que era lo que venía sosteniendo desde hacía mucho tiempo. O sea, que si uno no tiene un plan, una organización, pasa lo que desgraciadamente pasa.

Hace años que estoy diciendo que el sistema institucional sudamericano es muy malo, depende de tener suerte para que tres presidentes consecutivos sigan la misma línea como es el caso de Brasil y de Chile, pero como es tan fuerte el sistema presidencialista, no le otorga estabilidad a las decisiones de los procesos de integración regional y mundial, porque cuando depende de una persona, que se levanta mal ese día y cambia de decisión, como es el caso de Venezuela.

En el Gran Buenos, con respecto a la producción los parques industriales, están prácticamente sin lugar. Nosotros triplicamos la cantidad de parques industriales. El sistema productivo en el conurbano está casi estancado y los municipios deben ser apoyados cuando se pretende abrir cualquier emprendimiento.

A diario nos preguntamos: en un país como este cómo puede ser que no tengamos identificados a los jóvenes en riesgo, cómo puede ser que después de seis años de crecimiento, haya aumentado ocho por mil la mortalidad infantil.

Sin ambiciones personales

Estoy en esta cruzada tratando de imponer un modelo productivo para que la Argentina alcance el destino que merece. No quiero ser nada, ni concejal, ni gobernador, ni intendente. Quiero ayudar a generar una mentalidad en la Argentina que es la que tuvieron los europeos, para salir del drama espantoso que tuvieron. Si tendré éxito no lo sé, pero sí seguiré trabajando en todas las provincias argentinas.

Hay una edad para cada cosa. Ortega y Gasset decía que de mí generación, que él llamaba sobrevivientes, no se pueden esperar cambios y tiene razón. El motor que progresa son las generaciones del mañana.

Yo creí y me equivoqué que este gobierno iba a ser una bisagra entre lo viejo y lo nuevo, y resultó que lo nuevo es peor. Hay que insistir e incorporar a las nuevas generaciones, a los jóvenes que hora aparecen en las rutas, que nunca les interesó la política. Hay que cambiar: tienen que participar menos abogados en la política y más gente que se incorpore que quiera cambiar el país.

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