Destruyendo al Mercosur. Por Eduardo Amadeo.

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Como un resultado de nuestra gestión durante la presidencia de Eduardo Duhalde en la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur, se creó en 2005 el FOCEM, un Fondo de obras destinado a corregir asimetrías estructurales de la región, en especial en los países mas pequeños, que cuenta hoy con un presupuesto de u$s 100 millones anuales, aportados básicamente por Brasil y la Argentina.

En los 4 años de su funcionamiento, y remedando en pequeña escala la experiencia de los Fondos de Cohesión de la Unión Europea, el FOCEM ha aprobado u$s 173 millones en obras y proyectos productivos de muy buena calidad, constituyendo un excelente ejemplo de cooperación y buena administración entre los países. Al igual que en experiencias similares, uno de los presupuestos básicos del FOCEM, es la absoluta primacía de los criterios técnicos y la despolitización de las decisiones.

Todo funcionaba bien, hasta que el Uruguay presentó su proyecto mas importante: la interconexión de 500KW (Candiota en Brasil con San Carlos Uruguay), una obra que ha de contribuir sustancialmente a mejorar la oferta energética de nuestro vecino. El proyecto superó cómodamente la instancia técnica, y al llegar al nivel de decisión política, hace 6 meses, el gobierno argentino decidió-sin explicación alguna- congelar su autorización, lo que en un sistema de consenso equivale a su muerte. Desde entonces, todos los miembros del Comité de Administración- en especial Brasil- han pedido a la Argentina una respuesta, obteniendo siempre el mismo silencio de nuestro gobierno.

La razón es simple: la represalia por la decisión del presidente Tabaré Vázquez de no apoyar la candidatura de Néstor Kirchner a la Unasur. Es obvio que la retaliación es una herramienta legítima de la diplomacia, cuando -como en el caso de la aplicación indebida de aranceles, u otras decisiones políticas- se busca atacar para luego negociar. Pero en este caso, no está en juego ningún interés nacional, sino simplemente el provecho personal del ciudadano Néstor Kirchner, ex presidente y esposo de la Presidenta, quien no tiene ninguna entidad formal para que nuestra República agreda a un país vecino, defendiendo sus pretensiones de figuración.

De tal manera, al desorden y la improvisación de nuestra política exterior, se suma el escándalo de mezclar pretensiones personales, lo cual aumentará el nivel de conflicto ya existente cuando este episodio y sus razones tomen estado público en el vecino país.

Pero es también altamente probable que el proyecto de interconexión eléctrica Uruguay-Brasil, sea finalmente financiado por el BNDES, convirtiendo a la bravuconada de la Presidencia argentina en una nueva derrota sin ningún beneficio.

Pero además de la herida adicional que -en nombre de la vanidad del ciudadano Kirchner-se ha de infligir a las relaciones bilaterales; hemos de golpear muy duramente al funcionamiento de esta ingeniosa herramienta de cooperación y equidad multilateral. Porque habrá quedado instalado en su funcionamiento, el uso de razones políticas marginales como herramienta de negociación de decisiones técnicas. Por tanto, no pasará mucho tiempo hasta que alguno de los otros socios instale la represalia en la mesa de negociaciones y agregue otra razón mas para la sensación generalizada de una región sin destino, que los discursos grandilocuentes que se escuchan cada 6 meses en las Cumbres no pueden torcer.

Una de las razones de la intrascendencia en política exterior, es la imprevisibilidad. Los países serios no quieren tener de socios a mentes pequeñas.

*Diputado nacional electo.

Link: http://www.cronista.com/notas/202633-destruyendo-al-mercosur