El que gana gobierna y el que pierde también. Por Eduardo Duhalde. El Dia.

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Acabamos de cumplir 200 años de existencia como Nación. Nacimos en 1816 en tiempos convulsionados y de enfrentamientos. Guerra de laIndependencia y peleas internas. Esa marca de nacimiento no se ha borrado aún.

Entre aquel inicio y 1983 la construcción de poder político en el país estuvo ligada indisolublemente a los militares. Fueron gobernantes, líderes, dictadores, condicionaron gobiernos, impusieron administradores. Hasta 1983. A partir de ese momento, las Fuerzas Armadas dejaron de gravitar en la vida política nacional.

La democracia se ha visto fortalecida, se recuperó la vigencia de los derechos humanos y de las libertades individuales. Pero los objetivos de construir una Nación pujante y estable, con equidad y justicia plena, no se alcanzaron. Por el contrario, en materia económica y social, en cuanto a la vida material de los argentinos, estamos peor que en 1983.

Más pobreza, mayor desocupación, más injusta distribución de la riqueza, peor educación. Nuestro PBI supo ser igual al de Brasil y hoy es apenas un 25% del de nuestro vecino.

Y a la par, la corrupción en el Estado y en la sociedad, la expansión del crimen organizado -lavado de dinero, narcotráfico, trata de personas- y su cada vez mayor penetración en los poderes públicos y la política, la creciente violencia, etc., muestran que estamos ante una verdadera crisis de las instituciones.

Hemos andado siempre a los tumbos, sin una visión compartida de futuro porque no hemos tenido la voluntad necesaria para hacer del diálogo nuestra manera de gobernar. La manía de inventar enemigos para convertir a la política en un campo de confrontación tiene las patas cortas y de patas cortas han sido nuestros gobiernos.

En el breve interinato que me tocó gobernar el país -en el que apenas tuvimos tiempo para sacarlo del infierno y volverlo a la normalidad- mostramos que el diálogo y los consensos alcanzados fueron la clave del éxito.

Mi gobierno fue, en realidad, un cogobierno, acordado el 31 de enero de 2001 con el doctorRaúl Alfonsín: el radicalismo designó ministros, sus legisladores y los del peronismo conformaron una amplia mayoría y el programa de rescate de la Argentina se acordó en una mesa nacional de diálogo.

La situación que atravesamos no es exclusividad nuestra. Todo occidente atraviesa por un período de obsolescencia de los regímenes de gobierno, ya sean parlamentarios o presidencialistas.

Basta echar una mirada sobre el panorama latinoamericano, corroído por la corrupción, la penetración del crimen organizado y una violencia creciente produce más de cien mil muertos por año, en medio de una creciente desigualdad social.

Por lo tanto, aquella fórmula enunciada en 1973 por Perón y Balbín: el que gana gobierna y el que pierde acompaña, ya no alcanza. Hoy necesitamos ser más audaces, ir más lejos. Mi fórmula es: el que gana gobierna y el que pierde también gobierna.

Todas las fuerzas con representación parlamentaria deben gobernar juntas. Todas deben hacerse cargo de llevar adelante consensos previamente alcanzados que serán los programas de gobierno.

Por esa razón es que propongo el cogobierno como nueva forma de administración de los países. Para abrir el debate sobre esta reforma esencial que promuevo, he convocado a un grupo de constitucionalistas destacados que elaborarán un proyecto, base para debatir. Será un proceso que tomará su tiempo pero que se torna, a mi juicio, imprescindible iniciarlo de inmediato.

Mientras tanto, el conjunto de las organizaciones políticas, empresariales, laborales y la inteligencia argentina deben hacer el gran esfuerzo de pensar más en la salida de la crisis que vivimos y menos en “jugar de vivos” para llegar mejor a la próxima elección o para obtener réditos personales o de grupo.

(*) Ex presidente de la Nación y ex gobernador bonaerense

Fuente: http://www.eldia.com/opinion/el-que-gana-gobierna-y-el-que-pierde-tambien-161722