Es un disparate desvincular lo político de lo productivo.

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El ex presidente de la Nación estuvo en Santa Fe para presentar el Movimiento Productivo. Antes dialogó con El Litoral y se refirió a las potencialidades del país. Sostuvo que los dirigentes no están a la altura de las circunstancias.

—¿Sigue pensando que Argentina es un país condenado al éxito?

—Por supuesto. Por más mal que nos gobiernen, lo único que podrán hacer es retrasar ese éxito al que hago referencia. Mire, un país que es el noveno del mundo en extensión territorial, que tiene toda su cordillera impregnada de riquezas mineras, que sólo están explotadas en un 1 %. Que además tiene un Litoral espectacular, agua dulce con la que endulzamos el Atlántico con un río que desagua en un ancho de 100 kilómetros y que no aprovechamos. Todo eso es valor perdido. Pero, asimismo, estamos en una de las ocho zonas más importantes del mundo vinculadas con la producción de alimentos. Unido a eso, somos muy pocos. Cuarenta millones de habitantes en un territorio donde podrían vivir 800 millones. Tenemos todas las posibilidades, sólo falta que las dirigencias estén a la altura de la potencialidad del país. Eso va a llevar tiempo, actualmente hay muy pocos liderazgos. Pero bueno, uno pelea para que nuestros hijos y nietos vean el país que soñaron sus hacedores. Argentina tuvo épocas de esplendor y va a volver a tenerlos.

—¿Qué cosas le faltan a los dirigentes actuales?

—Es un disparate que no se den cuenta de que no puede estar desvinculado lo político-institucional con lo productivo. No hay país que haya progresado en el mundo que tenga la desvinculación que aquí tenemos. Si usted va y le pregunta a cualquier gobernante de un país desarrollado cuántas empresas hay en su país le responde de memoria, no se lo tiene que consultar a ningún asesor, porque ése es su trabajo, se ocupa de eso. Eso no pasa en Argentina donde toda esta potencialidad extraordinaria se debe a la gente. A pesar de los gobiernos y a pesar de los políticos. ¿Quien ayudó al campo? Nadie. Se ayudó solo. Tuvo la enorme y, en algunos casos desleal, competencia de EE.UU., Japón y la UE que beneficiaron enormemente a sus propios productores. Eso los obligó a superarse y ser cada día mejores. Y ahora están entre los más avanzados del mundo. Algo parecido ocurrió en el sector industrial. En vez de ayudarlos, los gobiernos municipales, provinciales y nacionales les crean problemas. En vez de generar un clima amistoso con el sector productivo, se lo enfrenta, pelea, molesta y confronta. Cuando aparece un gran empresario, nunca falta algún estúpido que lo critica porque le fue bien. Cuando pasa eso, los países no progresan.

—Lo que usted plantea es una cuestión de sentido común. ¿Por qué cree que no lo entienden los dirigentes que gobiernan el país?

—Viene de lejos, no le echemos la culpa a este gobierno. El último que entendió esto fue Frondizi con su revolución del desarrollo. Pero esto se tiene que hacer carne en toda la escala institucional, desde el municipio, las provincias, la Nación, los legisladores. Todos tienen que darse cuenta de que son un engranaje en un país que tiene que producir más y desarrollarse porque tiene una enorme potencialidad. Como le decía antes, la riqueza minera está explotada en un 1 %, el sector forestal maderero en un 1,4 %, en tierras que no compiten con la agricultura tradicional. Entonces, vienen de todas partes a comprar estas tierras para explotarlas. ¿Y nosotros? Somos los hijos de la pavota.

Error de cálculo

—¿Se sintió reivindicado esta semana con la recreación del Ministerio de la Producción?

—Era un reclamo que venía haciendo desde siempre. El que yo creé en el 2002 fue el primero de la historia argentina. Desgraciadamente, el doctor Kirchner creyó que las ventajas competitivas de la devaluación alcanzaban para siempre. Fue el mismo error de Menem, que pensó que la convertibilidad iba a servir para siempre. Un error absurdo. Las ventajas competitivas de la devaluación van siendo erosionadas lentamente por la inflación y llega un momento en que ya no hay más ventajas. Para que éstas se mantengan, tenemos que desarrollar el país. Kirchner confunde crecimiento con desarrollo. El crecimiento puede ser casual. Se duplica el precio de la soja por alguna causa y de golpe crecemos. Pero lo que debemos hacer es desarrollarnos y esto requiere indispensablemente un Estado que tenga todos los instrumentos necesarios, más allá de las ideologías. Y aquí no los tenemos; no funcionada nada de lo que tiene que funcionar.

—Usted dice que una de las actitudes más absurdas de los gobernantes actuales es atacar a dos de las instituciones que más colaboraron para sacar a la Argentina de la crisis como fueron el campo y la Iglesia. ¿Por qué cree que se decidió esa actitud?

—No tiene explicación racional. Por más que le busque racionalidad a esas decisiones no la encuentra porque no la tienen. Es más. ¿Quienes son los que más ayudaron de afuera? España, único país europeo que estuvo al lado nuestro y hoy, aunque no lo van a decir porque la diplomacia es otra cosa, no nos quieren para nada por esta actitud de desprecio, de no consensuar, no consultar, no conversar, de no crear entre las dos cancillerías un grupo de trabajo para analizar qué pasa con cada una de las inversiones. No podemos seguir peleados con todos. Y tenemos que aprovechar ahora, que viene un cambio en el mundo y en los organismos internacionales, a ver si podemos romper ese aislamiento.

—¿Cree que las medidas que se anunciaron esta semana van a servir para amortiguar el impacto de la crisis en Argentina?

—Espero que logren ese objetivo. Lo que advierto es que esas medidas, en general, para ser exitosas necesitan de credibilidad. Un país que cayó en default, que está siempre con problemas irresueltos, no genera confianza. Es muy difícil que la gente traiga dinero simplemente porque se abre la posibilidad de traerlo, porque saben que si lo hacen pueden caer en una trampa, quedar marcados y temen.

Las medidas para ser exitosas necesitan de credibilidad.

Tenemos que aprovechar ahora, que viene un cambio en el mundo, y ver si podemos romper ese aislamiento.

 ADEMÁS /// EL DATO

¿Apoyo a Cobos?

Eduardo Duhalde admitió en Córdoba que tiene “en vista” a “gente del justicialismo, varios gobernadores y ex gobernadores; y hasta un extrapartidario, el vicepresidente (Cobos)”, a quien calificó de un hombre con expectativas y que es bien visto por la sociedad y por la gente del campo”.

Además, pidió una libre flotación del cambio, al considerar que “no habría que hacer ningún esfuerzo para tener el dólar como se lo está manteniendo. Los que saben o uno cree que saben, dicen que el dólar tendría que estar por lo menos a 3,60 a 3,80, pero no tomando medidas para que el dólar suba, sino dejarlo flotar libremente hasta ese nivel”.

Faltan líderes

—¿Cómo está el Justicialismo de cara a las elecciones del año que viene?

—Como todos los partidos políticos, está pasando por un período donde tiene que reformularse. Los partidos están en un momento bajísimo de su historia, con muy pocos liderazgos. Es muy difícil pronosticar. Yo no veo una reorganización rápida de las dos fuerzas principales del país como el radicalismo y el peronismo.

—¿Usted va a ser candidato?

—No, de ninguna manera, esto se terminó para mí. Yo soy candidato a plantear la lucha por las ideas en distintos temas que aspiro sean tomadas por los partidos políticos de Argentina.

—¿Va a impulsar o a alentar la candidatura de Eduardo Buzzi en Santa Fe?

—No. Lo que deseo es que Buzzi y toda la gente del agro, no sólo los conocidos, participen en política, cada uno en el partidos político de su sentimiento. A mí me gustaría verlo a De Angeli en un partido político. Tienen que participar porque sería el comienzo de algo a lo que yo aspiro: que tengamos algún día una cantidad importante de legisladores del campo en el Congreso Nacional, hasta crear un bloque que defienda los intereses del sector.

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