“Ideólogos de guante blanco”. Por Eduardo Amadeo.

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La historia de las políticas sociales en nuestro país está plagada de episodios lamentables e indignantes, como el de Sergio Schoklender. Con el argumento de “vamos a ayudar a los pobres”, enunciado de mil maneras, se han cometido delitos éticos y administrativos gravísimos. Y se intenta justificar con argumentos ideológicos que cuando se gasta en temas sociales no importa cuándo ni cuánto ni cómo.

Cuando era jefe de gobierno porteño, Aníbal Ibarra incitaba a sus seguidores a no caer en “la trampa liberal de la eficiencia”, y Alicia Kirchner proclamó que ella y su equipo sólo creían en la “ética de la llegada a la gente”. Es decir, la sola referencia a una relación entre inversión y resultados es defenestrada con las demoledoras etiquetas del liberalismo y el noventismo. Más aún, pronto comenzaremos a ver cómo desde diversos altares oficialistas se atacará a las exitosísimas experiencias sociales de Chile y Brasil con etiquetas diversas, para evitar que sean utilizadas como puntos de comparación con los fracasos locales.

Schoklender no es más que otro eslabón de esta detestable historia de usar a los pobres para llenarse los bolsillos de plata, que además se intenta aprovechar para marcar el “quién es quién”: por un lado, los liberales sin corazón, que quieren que se rindan cuentas de los gastos; por el otro, los progresistas sensibles.

Tal vez por eso, estos progresistas sensibles se niegan y se defienden -como gato entre la leña- a ser medidos y evaluados en la efectividad de sus acciones sociales. Los ejemplos son muchos: el ministro de Educación cuestiona la encuesta PISA de la Unesco, que muestra la situación terminal de la educación argentina; los gremios docentes se niegan a que su nivel de conocimientos se relacione con su carrera profesional; Schoklender y Hebe Bonafini se las ingeniaron para que nadie controlara sus gastos con la excusa de la ideología, y no se conoce una sola evaluación del impacto que tienen los programas sociales que maneja la ministra Alicia Kirchner.

Obviamente, las principales víctimas del progresismo “sensible” sin control son, justamente, los pobres, a quienes se perjudica en los precios, las calidades y la pertinencia de las acciones sociales que en su nombre se llevan a cabo.

Una casa que vale el doble es, en realidad, media casa. Una ración de comida que no alimenta representa muchas neuronas perdidas. Un mal programa contra la diarrea infantil es muchos muertos por año. Una universidad que genera malos graduados es muchos empleos menos para toda la sociedad.

Pero como los pobres tienen menos voz que los no pobres, los progresistas “sensibles” y sin control siguen proclamando su sensibilidad y denostando a quienes (liberales “sin corazón”) reclamamos que se respete el derecho de los más débiles a ser ciudadanos plenos, y el de todos nosotros a que los fondos públicos se gasten bien para el bien común.

Como aquellos “ladrones de guante blanco” que cometen delitos sin disparar un arma, hay también “ideólogos de guante blanco” que nos roban a todos usando a los más débiles y amparados en ideales a los que, tristemente, manchan con su proceder.

El autor es diputado nacional por el Peronismo Federal y autor del libro País pobre, país rico

http://www.lanacion.com.ar/1381009-ideologos-de-guante-blanco

  • 1 comentario

    • Cristina Fraga dice:

      Ideologos de guante blanco