La frontera constitucional. Por Eduardo Duhalde.

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Hace pocos días, al hablar en un acto de homenaje al levantamiento del Gueto de Varsovia, el presidente de la Suprema Corte, Ricardo Lorenzetti, dijo palabras muy significativas. Señaló que, a menudo, los procesos malignos, que concluyen luego en catástrofes lamentables, comienzan inadvertidamente, con hechos que no suscitan una respuesta fuerte e inmediata, quizá porque lucen pequeños y no se los comprende como parte de una escalada. “Las sociedades -advirtió Lorenzetti-se adormecen cuando comienzan a tolerar estos pequeños actos [...] las sociedades son fuertes cuando reaccionan.”

No sé si era intención del magistrado aludir de modo indirecto, con esas reflexiones, a hechos que ocurren actualmente frente a nuestros ojos; tampoco quiero abusar de las interpretaciones.

Diré solamente que los conceptos del doctor Lorenzetti me parecieron muy adecuados para analizar la inquietante situación de una Argentina que observa perpleja, y aún sin respuesta adecuada, una cadena de agresiones y de desvíos del orden democrático constitucional y hasta del sentido común.

En los últimos días esa seguidilla alcanzó un nivel más elevado y, si se quiere, inédito.

El Poder Ejecutivo, utilizando medios públicos y anuncios financiados con dineros de todos, convocó a una demostración destinada a que sus seguidores, amigos y aliados hostigaran a la cabeza del Poder Judicial, la Corte Suprema. Levantaron un escenario ante la puerta del Palacio de Tribunales y atacaron al máximo tribunal de la Argentina. “Tenemos una Suprema Corte decrépita -dijo, por ejemplo, la señora de Bonafini-; mientras ellos no nos respeten, nosotros no los vamos a respetar. Las madres estamos hartas de esta Suprema Corte.”

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Los ataques del oficialismo contra la Justicia no son nuevos. Asistimos desde hace semanas a una acción coordinada del Gobierno para intimidar a los jueces: los delegados de la Casa Rosada en el Consejo de la Magistratura llaman “manzanas podridas” a los magistrados que no se someten a sus presiones, pretenden aplicarles regímenes de jubilación forzada; el jefe del Gabinete instruyó a la policía para que incumpliera una orden judicial; la propia titular del Poder Ejecutivo llegó a anunciar que desobedecería una disposición de la Justicia y acto seguido empleó la cadena nacional para vulnerar la intimidad de una jueza cuyos fallos le disgustaban.

Esa cadena de “pequeños actos” se revela ahora como una blitzkrieg que tiene por objetivo a la Corte. Es indispensable que la sociedad dé una clara señal en defensa de la Justicia, de la división de poderes, del orden constitucional.

La función de la Justicia “es poner límites, fortalecer las instituciones”, acaba de señalar el doctor Lorenzetti.

Le toca al Poder Judicial velar por el respeto del pacto de convivencia. Esencialmente de dos asuntos de importancia mayor: la tutela de los derechos fundamentales -la vida, la libertad personal, en primer término- y la defensa del principio, propio del Estado de Derecho, de la sujeción a la ley de todos los poderes públicos.

Debe quedar absolutamente claro que tocar el poder de la Justicia es atravesar agresivamente la frontera misma del orden democrático constitucional. Y que esa embestida, que ya se ha iniciado con “pequeños actos”, debe ser inmediatamente detenida.

El autor fue presidente de la Nación.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1258102