La hermandad entre España y la Argentina. Por Eduardo Duhalde.

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La reciente decisión de la Comisión Bicameral del Congreso Nacional aconsejando expropiar Aerolíneas Argentinas nos obliga a reflexionar con un criterio amplio e integral sobre nuestra relación con España. No se trata sólo de los conflictos que pueden generarse y que, de hecho, ya se están manifestando por lo ocurrido con una empresa en particular, sino de la integralidad de nuestra relación económica, comercial y política con dicho país, y muy especialmente en momentos como éste, donde la crisis financiera internacional agrava y magnifica los problemas.

Estamos frente al riesgo cierto de dañar severamente nuestras relaciones históricas con España, país con quien nos unen lazos culturales y políticos -más allá de los estrictamente económicos- que por su intensidad no necesitan ser remarcados.

No advertir esto, además de autodestructivo para nuestra credibilidad presente y futura, sería desconocer a quienes confiaron y apostaron como ningún otro por nuestra Patria, no sólo durante el proceso de apertura de nuestra economía sino durante la crisis del año 2001. Esta reciprocidad con la actitud argentina en la década del ’50 durante el gobierno del General Juan Domingo Perón, encontró en las personas de Su Majestad el Rey y los jefes de gobierno español una respuesta contundente, que fue un factor importantísimo en la superación de la crisis argentina de principios de este nuevo siglo.

Se trata, entonces, imbuidos de este espíritu, de encontrar ámbitos que superen las decisiones unilaterales, muchas veces adoptadas por situaciones coyunturales o intereses domésticos, pero que al no contemplar la realidad con una visión estratégica, generan efectos cuya magnitud y gravedad se convierten en una pesada herencia para el futuro. Hay que recrear confianza y sistemas de garantía, legal y judicial, absolutamente confiables y eficaces.

La magnitud del problema

Basta con una simple enumeración de algunas de las inversiones españolas en nuestro país, para advertir sobre la magnitud de lo que está en juego para ambos países, si no somos capaces de anticiparnos a potenciales conflictos:

  • En Autopistas Del Sol, la participación española es del 31,59%, mientras que en el Grupo Concesionario del Oeste asciende al 48,6%.
  • En Telefónica de Argentina, la participación llega al 98,04%.
  • Aerolíneas Argentinas tiene mayoría accionaria española.
  • La participación en YPF es del 84,14%.
  • En Gas Natural BAN es propietaria del 70%.
  • En Edesur, la participación es del 71,1%.
  • Capitales españoles son dueños de Consolidar AFJP.

En síntesis, y como queda demostrado con solo estos ejemplos, se impone un rediseño profundo del mecanismo de toma de decisiones, en momentos en que la relación Argentina-España exige instaurar una renovada arquitectura para hacerla confiable y eficiente, con el objeto de recuperar los espacios perdidos y programar un marco ampliado de actividades futuras.

Es tiempo de fijar reglas resultado del diálogo para que la relación se fortalezca y permita desde el consenso hacer frente a las diferencias que se nos presentan hoy y que pueden agudizarse en el futuro.

Las fórmulas del diálogo

Si bien es cierto que la crisis interna de la Argentina se venía preanunciando por el abandono progresivo del modelo instaurado en 2002, no menos cierto es que los abusos privatistas de la década del ’90 determinaron que no se pudiera equilibrar la balanza de transferencia de actividades al sector privado con una retención competitiva de la regulación y el control público, lo que terminó quebrando la viabilidad del sistema, porque al desbaratarse los intercambios, las inversiones, la calidad del servicio, la reconversión de empresas privadas en públicas no estatales, se lesionaron la confianza comercial, la seguridad jurídica y la ética del conjunto.

Esta autocrítica, que es también una asunción de responsabilidades, nos obliga a que ambos países de hermandad indisoluble, debamos armonizar nuestras diferencias para reconstruir un espacio de desarrollo común de amplio consenso entre nuestras ciudadanías.

Ante el carácter sistémico de este colapso se impone entre Argentina y España un consenso amplio en la necesidad de trabajar juntos para corregir las diferencias y las inadecuadas gestiones públicas y privadas de las relaciones empresariales.

Es por ello, entonces, que nos permitimos sugerir el siguiente mecanismo: aprovechar los institutos de negociación existentes o crear una Comisión Bilateral especial en el marco de ambas Cancillerías con permanente relación con los sectores económicos empresariales, financieros, bancarios para analizar y renovar todo el horizonte de situaciones pendientes, conflictos, incumplimientos que se originan en estos años difíciles de Argentina, con especial atención en un sistema de garantías jurídicas y judiciales absolutamente confiable y recurrible por las partes.

La Comisión Bilateral Permanente deberá actualizar un balance de todas las situaciones pendientes de la actividad económica bilateral y convocar en ambos países a los sectores involucrados en planificar un relanzamiento de cursos de solución y renovación de todos los planos de las relaciones económicas entre ambos países.

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