LA RUTA DE LOS PRECIOS, DEL CAMPO A LA MESA FAMILIAR

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En la Argentina, la brecha entre el valor que recibe el productor por sus mercancías y el precio que paga el consumidor en góndola se ha acelerado fuertemente en los últimos años, hasta llegar a multiplicarse por 10 en promedio. Este fenómeno se torna inadmisible en un país con un potencial productivo como el nuestro, que produce alimentos para 400 millones de habitantes.

El último Índice de Precios en Origen y Destino (IPOD) publicado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), informa que, si bien en el pasado mes de mayo esta brecha mejoró 8,2% en productos agrícolas y 4,5 en productos ganaderos, el productor continúa recibiendo sólo el 23% del precio final.

Algunas economías regionales ven esta situación agravada a extremos que ponen en riesgo su continuidad, ya que venden sus productos prácticamente al costo, mientras que sus precios al consumidor lo superan hasta 20 veces. Según un informe elaborado por la Federación Agraria Argentina, algunos ejemplos son la banana, por la que se paga al productor 1,5 pesos por kilo y se vende a 30 pesos; el vino, por el que se paga 3 pesos el litro y se vende a 60 pesos; o los pimientos, por los que el productor recibe 17 veces menos de lo que se paga en góndola.

Por su parte, las Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) vienen realizando un reclamo de mayor transparencia en la cadena de formación de precios, sobre todo en las producciones lechera, yerbatera y cárnica, que hoy continúan sufriendo un fuerte desfasaje. De acuerdo a la entidad, este es uno de los motivos más determinantes en la crisis que atraviesan las economías regionales.

Los precios finales de los distintos productos suelen fluctuar de acuerdo diversos factores: las regiones de donde provienen, los mercados donde se colocan, los costos de producción, almacenamiento y transporte, entre otros. Sin embargo, la diferencia alcanzada en nuestro país no se reduce únicamente a estos factores corrientes de la cadena de comercialización, sino que es evidente la existencia de especulaciones, abusos y concentración de mercados, exacerbados por más de una década de políticas arbitrarias y cortoplacistas que paralizaron el desarrollo de los sectores productivos.

El problema de los precios debe ser abordado desde diversas perspectivas, a mediano y largo plazo, que incluyan correcciones de las distorsiones macroeconómicas que nos llevaron a los altos niveles de inflación que padecemos actualmente y a un proceso de transparentamiento de los sistemas de comercialización e intermediación. Del mismo modo, se deben encarar importantes planes de infraestructura de transporte que faciliten la comunicación interna de nuestro país.

No obstante, como esta cuestión afecta de manera dramática el poder adquisitivo, sobre todo el de los sectores más necesitados, se deben implementar medidas directas en el corto plazo que contribuyan a mejorar esta situación.

Una posibilidad que debería considerarse es llevar el Mercado Central a los principales puntos del área metropolitana de Buenos Aires y grandes centros urbanos del país, para estrechar el intercambio entre consumidores y productores y generar una competencia más sana frente a las grandes cadenas de supermercados.

Otra, que no es excluyente de la anterior, es que distintas entidades como por ejemplo Municipios, Gremios, Cooperativas, Asociaciones Vecinales y otros, monten grandes centros de comercialización donde los márgenes de ganancia sean los mínimos para solventar los gastos de la operación y los pasos entre productores y consumidores se reduzcan o desaparezcan.

Estas son algunas de las propuestas que impulsamos desde el Movimiento Productivo Argentino para contener una de las principales problemáticas que hoy perjudica a los dos eslabones más frágiles de la cadena: los productores y los consumidores.