Las fórmulas antipobreza de América latina. Por Jorgelina do Rosario.

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Las fórmulas antipobreza de América latina.

Por Jorgelina do Rosario.

Los Programas de Transferencias Condicionadas (PTC) en Brasil, Chile y Uruguay mostraron avances significativos contra la pobreza. Qué pasa en la Argentina y por qué la desigualdad sigue siendo moneda corriente en la región.

Dengue, trata de blancas, narcotráfico, corrupción, crisis políticas. Mientras que muchos de los flagelos de América latina son aún difíciles de superar, la reducción de la pobreza en la región tuvo un importante avance en el siglo XXI. Según un informe del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS) de la Universidad Nacional de la Plata y el Grupo de Pobreza y Género de ALC del Banco Mundial, la pobreza por ingresos mostró una importante caída en los últimos años. “Mientras que en 2003, 27 de cada 100 habitantes de la región vivían con menos de u$s 2,5 por día, en 2007 fueron 19 de cada 100 habitantes”. Así, el número de personas con ingresos inferiores a la línea internacional se redujo de 137 a 101 millones en cuatro años. No obstante, la caída de la pobreza fue menor al crecimiento de la población: el período entre 1999 a 2003 arrojó un aumento de 15 millones de pobres.

Con el objetivo de fortalecer el capital humano, los programas de transferencias condicionadas (PTC) se presentan como la tendencia actual en América latina. “En los últimos 10 años, esta generación de programas sociales es la moneda corriente contra la pobreza de la región. La idea central es que la pobreza no se debe enfrentar con muchos programas chicos, sino con planes más grandes”, sostiene Fabián Repetto, codirector del Programa de Protección Social del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec). Focalizados en salud y educación, estos programas reconocen que la pobreza se reproduce de forma intergeneracional. “Si naciste en un hogar pobre, las probabilidades futuras de que seas pobre son enormes”, ejemplifica el especialista del Cippec.

Dirigidos a los núcleos familiares pobres, la transferencia de ingreso de los gobiernos se da a cambio de alguna prestación de las familias, que puede ser laboral, educacional o de salud. La Comisión Económica para América latina y el Caribe (CEPAL) contabiliza 24 programas de transferencias condicionadas funcionando en 17 países, que en 2008 asistieron al 17% de los habitantes de la región. En total, para estos programas se destinaron u$s 12.500 millones en recursos financieros.

Como el referente histórico de los PTC en la región, en 1997 el gobierno de México creó Progresa, un programa social que incluía prestaciones en los ámbitos de educación, salud y nutrición. En 2001, el entonces presidente mexicano Vicente Fox lo rebautizó bajo el nombre de Oportunidades y hoy llega a 5 millones de familias. Aunque los especialistas consultados por Weekend coinciden en que no fue uno de los más exitosos, sí marcó la expansión de los PTC en América latina. Para Eduardo Bustelo, ex titular de la oficina local de Unicef y director de la Maestría en Políticas y Planificación Social de la Universidad Nacional de Cuyo, “México es un país cuyo principal programa que reduce la pobreza es la exportación de trabajadores hacia los Estados Unidos”.

El avance brasileño

No sólo se consolidó como la potencia económica y política de América latina, sino que también demostró una considerable reducción de la pobreza. Como el más exitoso de la región, el programa Bolsa Familia (2003) de Brasil llega a través del Ministerio de Desarrollo Social a 12 millones de familias, un total de 45 millones de brasileños. “En Bolsa Familia se invirtió el 0,7% del PBI. Es controlado por cada municipio y exige una contrapartida a cambio de un aporte monetario a las familias pobres, como asegurar que los niños asistan a la escuela y sigan una agenda de salud”, describe Sonia Draibe, ex directora e investigadora senior del Núcleo de Políticas Públicas de la Universidad Estatal de Campinas (UNICAMP) de San Pablo. Con casi 40 millones de pobres en 1992, actualmente la pobreza afecta a poco más de 30 millones de brasileños.

Asimismo, este programa reveló grandes avances en el nordeste, la zona más pobre del país. Según Draibe, el programa “atiende a casi la totalidad de familias pobres del área, que elevaron un 30% su consumo”. Si bien Bolsa Familia es el más efectivo, el de mayor repercusión a nivel internacional es Hambre Cero. Sin embargo, la especialista brasileña asegura que “Hambre Cero es una marca del gobierno” de Lula, y que no derivó en buenos resultados. “Es muy ambicioso. Junta muchos programas que ya existían, pero que no llegan al hambre cero”. Y diferencia: “La pobreza de Brasil no es de hambrientos, sino que incluye problemas como el bajo consumo de agua y problemáticas habitacionales”.

Chile y Uruguay

Un año antes de la creación de Bolsa Familia, la lucha contra la pobreza en Chile se materializó en Chile Solidario. Implementado por el Ministerio de Planificación, busca coordinar la oferta estatal hacia los sectores de ingresos más bajos de la población: los indigentes. En este caso, la transferencia de dinero se intercambia por la inserción de la familia en la red de servicios y programas públicos. A nivel comunal, los Comités de Asistencia Social (C.A.S.) realizan evaluaciones en los hogares para determinar qué familias reciben los planes. Actualmente, Chile Solidario se otorga a 250 mil familias chilenas.

El crecimiento económico de los últimos 20 años -con una tasa promedio del 6,5% anual- fue uno de los factores más relevantes en la disminución de la pobreza. “Cuando asume Concertación Democrática, hereda un 40% de pobreza. Hoy, el país tiene menos de 15% de pobres”, sostiene Aldo Neri, ex ministro de Salud y vicepresidente de la Asociación Argentina de Políticas Sociales (AAPS). Pero este crecimiento no se tradujo en mayor igualdad social. “Aunque no estén en la pobreza estadística, la calidad de vida de mucha gente es mala”, completa.

Junto con Chile, Uruguay es uno de los países con menor pobreza de la región: en el último período de gobierno se redujo 15 puntos. Con una llegada a 330 mil menores de 18 años en 2008, el Plan Equidades incluye beneficios como la transferencia de ingresos y alimentos a los hogares con niños e intervenciones educativas. Para acceder a esta ayuda, los uruguayos de 6 a 18 años deben ir a la escuela y realizarse controles periódicos de salud. Y con una apuesta fuerte a la igualdad de condiciones educativas, este año el país cumplió con el Plan Ceibal, que otorga una laptop a cada niño que asiste a una escuela pública.

¿Y por casa…?

Luego de la crisis argentina de 2002, el Plan Jefes y Jefas de Hogar logró contener a la pobreza, que llegó al 53% en agosto de ese año. A cambio de $150 mensuales, el beneficiario tiene que realizar contraprestaciones, con una dedicación horaria no inferior a cuatro horas ni superior a seis. Además, los hijos en edad escolar deben ser alumnos regulares y cumplir con el calendario de vacunación. Según datos oficiales del Ministerio de Trabajo, en octubre de 2009 “1.472.187 personas permanecen como beneficiarios del Programa Jefes de Hogar, 518.548 menos que en mayo de 2003″.

Siete años después, mientras el polémico Indec situó en setiembre pasado el nivel de pobreza en un 13,9%, los analistas privados la estiman en un 35%.

En un contexto de fuerte deterioro social, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció semanas atrás la “asignación universal” por hijo, que garantiza $180 mensuales para los menores de 18 años y a los discapacitados de familias desocupadas o con empleos informales. No deben recibir ninguna otra asignación, los chicos deben tener la escolaridad al día y el programa de vacunación completo. Para Bustelo, “no existe otro programa así en la región. Es el más universal de todos y representa una larga conquista histórica que muchos países no tienen”. Contrariamente, el vicepresidente de la Asociación Argentina de Políticas Sociales sostiene que de ser universal, el programa tendría que alcanzar a todos los niños de la Argentina, “independientemente de su situación económica”. “Para que eso sea equitativo hay que, por ejemplo, cobrarle un impuesto a los que no tienen necesidades”, sostiene Neri.

Leonardo Gasparini, director del CEDLAS de la Universidad Nacional de La Plata, cree que la medida es “positiva”, pero resulta “lamentable el contexto” en el que se tomó. “La implementación del programa por un decreto de necesidad y urgencia es un golpe a la institucionalidad, cuando la oposición quiere avanzar en la dirección que tomó el Gobierno”, afirma. En la misma línea, Eduardo Amadeo, diputado nacional electo por Unión-PRO, opina que “fue tomada a los apurones”. Como ya se hace en Chile y México, el ex ministro de Desarrollo Social del menemismo considera que los planes argentinos deberían tener una “evaluación de impacto anual realizada por auditores independientes y presentada ante el Congreso”. La ANSES, fondo del subsidio “universal”, es otro de los puntos más discutidos de la iniciativa. “La tentación de plata fácil ha sido más fuerte que el trabajoso pero más recomendable camino de una reforma impositiva progresiva, o los esfuerzos para reducir gastos ineficientes y pro-ricos”, señala Gasparini.

Algunos casos exitosos y otros, no. En los últimos 10 años, los programas de trasferencias condicionadas han demostrado resultados disímiles en los países de la región y recién en 2010 se sabrá con certeza si la crisis financiera internacional aumentó la pobreza en América latina.

Por su parte, la Argentina deberá enfrentar sus propios desafíos en materia económica y social. “No hay programa social que pueda resistir la economía argentina. Una economía con crisis cada cinco años, mata cualquier programa social”, concluye Amadeo.

Link: http://www.cronista.com/notas/211915-las-formulas-antipobreza-america-latina