Los misterios del fueloil amarillo. Alieto Guadagni.

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Una de las mejores novelas policiales que he leído fue El misterio del cuarto amarillo, de Gastón Leroux; por eso, esta nota tiene un título similar, pero referido a los tres misterios que hoy envuelven nuestro comercio internacional de fueloil, administrado directamente por el Gobierno a través de las agencias estatales Enarsa y Cammesa, sin licitaciones públicas ni auditorías.

La Argentina fue siempre exportadora de fueloil, pero a partir de 2004, injustificadamente, comenzó a importar grandes cantidades. Aquí aparecen tres interrogantes. El primero surge de las cifras del Indec, que nos dice que en 2007 importamos 988.292 toneladas por un monto de 385.7 millones de dólares, o sea, a un costo promedio de 390 dólares la tonelada. Pero según el Indec, ese mismo año exportamos 1.650.169 toneladas, por un valor de 586,3 millones de dólares, o sea, un valor de apenas 355 dólares la tonelada. Esto significa que el país perdió 35 millones de dólares únicamente en 2007 por importar más caro lo que estaba exportando más barato. Es sabido que el mismo barco que trae fueloil comprado por nuestro gobierno a la empresa petrolera venezolana sale cargado con fueloil argentino hacia Estados Unidos, nuestro principal comprador.

El segundo misterio se refiere al origen del fueloil, ya que es público que son compras directas a Pdvsa de Venezuela; pero el caso es que, según el propio Indec nos dice, de Venezuela se importó durante 2007 por todo concepto apenas 23,6 millones de dólares, y no se registra ninguna compra de fueloil. Esto significa que Pdvsa está operando únicamente como broker comercial, lo cual carece de sensatez, porque es un intermediario innecesario.

El tercer misterio se refiere a la contaminación asociada con el fueloil; las refinerías argentinas exportan grandes cantidades de fueloil nada menos que a Estados Unidos, cumpliendo las exigencias ambientales de ese país. El fueloil que importamos es contaminante por el alto contenido de azufre, lo cual hace misteriosa la resolución 150, dictada el año pasado por la Secretaría de Energía, suspendiendo la aplicación de exigencias ambientales respecto del azufre con el argumento textual “que la necesidad de importar fueloil para las usinas eléctricas vuelve conveniente ajustar las especificaciones del mismo”. El misterio es tal que el propio secretario no está advertido de que nuestras refinerías son grandes exportadoras de fueloil de calidad, por lo que no se justifica relajar las normas de protección de la salud de la población.

Si en lugar de importar se utilizara nuestro fueloil, todos saldríamos ganando, ¿ o no todos? Mientras tanto, seguiremos sin resolver este triple misterio.

El autor es economista.

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