Para aumentar el gasto social hay que administrar bien. Alieto Guadagni.

Share via emailShare on Facebook+1Share on Twitter

Si un gobierno quiere mejorar las condiciones de vida de los más humildes lo primero que debe hacer es administrar el gasto público no sólo con honestidad y sin corrupción, sino también actuar sensatamente al decidir en qué gastar los recursos tributarios que aportan los contribuyentes. Esta es una exigencia lógica para un gobierno que pretenda utilizar una fracción creciente del gasto público en reducir la pobreza.

En esta nota presentamos un caso práctico que ilustra bien esta cuestión en Argentina y que arranca en el 2004, cuando el gobierno anuncia que se compraría directamente fueloil vendido por PDVSA (Venezuela), pero sin ningún tipo de concurso de precios y calidades a fin de asegurar buenos precios. Pero el caso es que desde hacía décadas Argentina tenía una balanza de exportaciones – importaciones de fuel oil fuertemente superavitaria, si bien en meses críticos de invierno por razones de falta estacional de gas era necesario importar puntualmente fuel oil. El caso es que entre el 2004 y el 2009 exportamos más de 8 millones de toneladas y al mismo tiempo sorprendentemente importamos 4,8 millones. Las estadísticas indican algo muy extraño: aumentan las exportaciones… pero también crecen las importaciones.

El caso es que de cada 100 toneladas importadas apenas se justifican alrededor de 40, porque las otras 60 llegaron a nuestros puertos en meses en que al mismo tiempo salían barcos cargados de fueloil rumbo al exterior, particularmente Nueva York. Quiere decir que el argumento estacional no alcanza para justificar esta masiva y redundante operación. Es así que compramos innecesariamente nada menos que alrededor de 2,8 millones de toneladas. Aunque supongamos que todos los precios sean competitivos (es decir con licitaciones abiertas de precio y calidad) y en consecuencia no hay sobreprecios, existe inevitablemente un importante quebranto económico, que se traduce al mismo tiempo en un quebranto fiscal cuando el que compra es el gobierno.

La razón es muy simple, existe una lógica y amplia diferencia en el orden de 122 dólares la tonelada entre los respectivos valores CIF y FOB más el incremento en los costos logísticos vinculados con toda esta redundante operación portuaria de movimiento de grandes cantidades de fueloil.

Pero aquí no concluye el perjuicio a nuestro país, además se sabe que el fueloil argentino es de buena calidad ambiental (bajo contenido de azufre) y que se vende en mercados exigentes (Nueva York), cosa que no ocurre con el que nos vende la empresa venezolana. O sea que para comprarle fueloil en exceso a PDVSA además había que tolerar que tuviera un alto contenido de azufre contaminante, por encima del de nuestro propio fueloil.

El caso es que la cosa sigue peor, ya que en el primer semestre del año pasado aumentamos las exportaciones de fueloil un 24 por ciento mientras que las importaciones treparon un 86 por ciento. Es decir suben los quebrantos económicos y fiscales, que pueden ser estimados por encima de 330 millones de dólares (hasta diciembre del 2009).

Todo esta cuestión podría ser solucionada en 24 horas, simplemente bastaría con que se estableciera como indican las buenas prácticas empresarias que todas las importaciones estatales de fueloil se harán mediante licitaciones abiertas y competitivas de precios, calidades y financiamiento; si hacen eso inmediatamente se evaporarían la inmensa mayoría de estas compras injustificadas, ya que naturalmente los productores nacionales estarán en condiciones de ofrecer los mejores precios.

Este tema es naturalmente es de interés público porque las compras a PDVSA (que simplemente intermedia en este negocio porque el fueloil no es de ellos) son financiadas por fondos públicos. El costo social de todo esto queda en evidencia cuando se reconoce el drama de la gente humilde en el Conurbano, donde lamentablemente aun 6 de cada 10 familias no tienen cloacas y 4 de cada 10 no tienen agua potable por red. Con el innecesario y enorme sobrecosto de esta operación de fueloil se pudo haber llevado agua potable y cloacas a medio millón de personas. Es hora de priorizar un gasto público sensato y transparente. Es muy difícil mejorar las condiciones de vida de los más humildes si el gasto público no es socialmente responsable.

Alieto Guadagni

Fuente: http://www.elimparcial.es/america/para-aumentar-el-gasto-social-hay-que-administrar-bien-75915.html