Plan Argentina Trabaja. “Cooperativas” creadas para la manipulación clientelar de los que más necesitan. Gustavo Bertolini.

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Una vez más se pone en evidencia la falta de seriedad en los planes sociales que instrumenta el gobierno nacional.  En este caso, son los mismos beneficiarios del Plan los que reclaman al Ministerio de Desarrollo Social que se respete la autonomía de las cooperativas, que han sido conformadas para realizar trabajos en los distintos barrios y hoy son víctimas de la peor de las políticas que se llevan a cabo desde el ejecutivo; el manejo clientelar de las personas que las integran.“Se han conformado miles de cooperativas en donde sus autoridades son punteros políticos vinculados con los intendentes y movimientos sociales afines al Gobierno”, denuncia Daniel Menéndez, Coordinador Nacional del Movimiento Barrios de Pie.

“Son hechos casi mafiosos que nada tienen que ver con acciones cooperativas”, cuenta Menéndez y pone como ejemplo lo que pasó en Tigre: “Presionaron a beneficiarios para ir a un acto del Gobierno. Éstos se negaron y al momento de pagarles les abonaron $ 300 de los $ 1200 que debían cobrar, eso representa el 20 % del total”.

Aprovecharse de la necesidad de trabajo de las personas que conforman las capas sociales más vulnerables y perjudicadas por la política socioeconómica de actual gobierno es reprochable. Mas aún si es el mismo gobierno el que instrumenta mecanismos que, escudados bajo la forma de empresas de la economía social, como son las cooperativas, intenta conformar un “ejército” que, incondicionalmente, apoye sus iniciativas de movilización, bajo la amenaza de quitarles el beneficio otorgado si no cumplen con la asistencia.

Muchas son las críticas a este Plan desde distintos sectores de la sociedad y, fundamentalmente, desde el movimiento cooperativo, ya que se desvirtúa la figura de estas organizaciones que son, sin lugar a dudas, excelentes herramientas para la generación de puestos de trabajo sustentables. En la medida, claro esta, que cumplan con la normativa vigente y se pongan en práctica los principios y valores del cooperativismo. Y estos hechos están ausentes en estas seudo cooperativas de trabajo desde el momento en que el Estado les paga un “sueldo” a sus asociados, asemejándose más a una relación laboral de dependencia encubierta que a una organización imbuida del espíritu cooperativo. La genuina cooperativa de trabajo supone democracia interna, autonomía frente al Estado y al resto de las empresas e inexistencia de empleados. Se trata de un grupo de asociados que son, al mismo tiempo, empresarios y trabajadores autogestionarios, comprometidos en un proyecto común, dirigido y gerenciado democráticamente por ellos mismos.

Por supuesto que no son los integrantes  de estas entidades los responsables de esta situación, más aún teniendo en cuenta que se trata de personas desocupadas que lo que reclaman  al gobierno nacional es un trabajo digno que les permita llevar el sustento a sus hogares y que, obviamente, no están en condiciones de elegir bajo que forma les llega esa ayuda.

Gustavo Bertolini. Ex funcionario del IPAC y del INAES, integrante Departamento Economía Social, Asociativismo y Desarrollo Local (MPA).