Por un modelo que incluya. Por Alieto Guadagni.

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Esta recesión global, la más grave desde la Segunda Guerra, no ha podido abatir la demanda por alimentos. El 70% de la población mundial no registra caídas en su consumo: se trata de 4.600 millones de personas que viven en Asia, África y Medio Oriente, donde el PBI sigue aumentando. La onda larga del crecimiento es tan robusta que ha permitido que la demanda por más y mejores alimentos siga trepando en la mayor parte del planeta.

Ante este crecimiento sostenido es lamentable que nuestro “modelo” productivo no acumule, porque la base de la acumulación capitalista se genera en el proceso ahorro-inversión y lo que se observa es que este proceso está orientado hacia la fuga del ahorro interno hacia el exterior (45.000 millones de dólares desde el 2006). Un régimen que expulsa al exterior ahorro desacumula capital productivo. Es decir “los otros viven ahora con lo nuestro”.

El sector productivo debe estar asentado sobre un sector energético dinámico y con autoabastecimiento para consolidar la seguridad energética tan apreciada en el mundo globalizado. En nuestro “modelo” se evaporan mes a mes las reservas de petróleo y gas por falta de inversiones. Algo similar ocurre con el capital invertido en el stock ganadero comprometiendo el abastecimiento interno.

El “modelo” no entiende la actual revolución de los alimentos, impulsada por el 70% de la población mundial que no está en recesión y sigue demandando hoy proteínas animales, y que lo seguirá haciendo por las próximas décadas. Es incapaz de diseñar una política que promueva la transformación de proteínas vegetales en proteínas animales, fortaleciendo la cadena agroindustrial.

De esta manera nos condenan a exportar pocas materias primas agrícolas. El desarrollo de una vasta red de unidades industriales en las zonas productoras del interior dedicadas a incorporar valor agregado es la mejor receta para tener un país regionalmente equilibrado.

Nuestra producción agrícola cae este año alrededor de un 30%, parte por la sequía pero otra parte por ignorancia de la dinámica de estos sectores que ha justificado medidas anti-productivas. La siembra de trigo puede ser la menor desde 1902. Estamos en recesión pero seguimos gravando con retenciones a todas las exportaciones, incluso las manufacturas industriales (caso único en América Latina), esto contribuye a que apenas ocupemos el 11° lugar en América Latina en crecimiento de las exportaciones.

El “modelo” no entiende que el país necesita del ferrocarril y del transporte fluvial para movilizar más de 150 millones de toneladas. En lugar de eso se entretiene con un costoso proyecto de tren bala. Mientras tanto, la red ferroviaria es deplorable y no puede captar cargas y pasajeros que deberían abandonar los automotores que congestionan y contaminan. Sin ferrocarril de calidad no mejorara la seguridad vial.

La política “anticíclica” del modelo no sostiene el consumo porque concentra sus programas en sectores medios y altos que en lugar de aumentar su consumo liberan ahorro privado y pueden así comprar dólares. El impulso a la demanda debería expandir los programas sociales y los fondos por desempleo.

El “modelo” invierte mal los recursos públicos dedicados a la inversión. Utiliza mecanismos oscuros para ejecutar las obras públicas, mecanismos que son compatibles con un aumento injustificado en los sobrecostos.

La ausencia de transparencia en el manejo de los fondos públicos lleva a importar desde 2004 por centenares de millones de dólares anuales de fuel oil contaminante en compras innecesarias a Venezuela, mientras exportamos mucho más fuel oil de calidad ambiental.

No puede “acumular” un modelo que desalienta la inversión y sólo ampara las que encuadran en el denominado “capitalismo de amigos”. La ausencia de inversiones debilita el crecimiento porque crea estrangulamientos de capacidad en sectores estratégicos. Las inversiones productivas requieren normas que pueden ser estrictas y rigurosas, pero deben ser transparentes y estables, Un “modelo” que utiliza como termómetro de las actividades económicas indicadores falseados por el INDEC no puede promover la acumulación de capital productivo.

Tampoco el modelo “acumula” con sentido federal, porque no asegura una adecuada coparticipación de impuestos: el año pasado transfirió a las provincias apenas el 31,7% de su recaudación, violando así el piso legal del 34% (artículo 7 de la Ley 24358). Es el valor más bajo de los últimos 50 años.

Además el modelo no “distribuye ni incluye” porque sus programas sociales son insuficientes. En plena crisis del 2002, Argentina dedicaba proporcionalmente más recursos a los sectores postergados que en la actualidad, cuando la economía es un 50% mayor. Quiere esto decir que el modelo es “regresivo” y no “progresivo” porque ignora la pobreza existente que afecta a uno de cada tres argentinos. Pero como se distorsionan las estadísticas, el modelo cree que ha reducido la pobreza, sin advertir que la inflación de los últimos años ha creado más de 4 millones de nuevos pobres. Si el Gobierno se cree sus propias cifras no podrá nunca tener una política social inclusiva en serio.

Este modelo es regresivo porque ha concentrado subsidios en los sectores medios-altos de la sociedad en lugar de implementar una verdadera tarifa social que asegure el consumo de los más pobres.

Hoy más de la mitad de los pobres son niños y más de la mitad de los niños son pobres. Pero el “modelo” no tiene propuestas efectivas para mejorar no sólo la cobertura sino particularmente la calidad de la escuela pública, que es la única chance que tienen los núcleos más humildes de quebrar la “reproducción intergeneracional de la pobreza”.

La buena noticia es que en un mundo que seguirá demandando cada vez más y mejores alimentos es posible crecer con acumulación de capital y además asegurar la inclusión social con equidad en la distribución. Pero para eso hay que construir otro modelo.

Opinión I

El “modelo” invierte mal los recursos públicos dedicados a la inversión

Opinión II

El modelo es “regresivo” y no “progresivo” porque ignora la pobreza

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