PRIMER NIVEL América Latina y la crisis global. Por Alieto Guadagni.

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Esta crisis mundial está castigando a todos los países de América Latina, pero no de igual manera. Muchos factores explican estas diferencias, pero en esta nota consideraremos únicamente los relacionados con la inserción internacional de los países, como la evolución de las inversiones externas, los términos del intercambio comercial, el comportamiento de las exportaciones y finalmente la política exportadora.

Cuando sectores claves de la economía argentina como son el campo, la construcción y la industria automotriz reducen significativamente su nivel de actividad no pueden quedar dudas que se está gestando ya un ciclo recesivo, lo cual no debe sorprender a nadie ya que esto está ocurriendo no sólo en todos los países industrializados, sino también en gran parte de América Latina. Recordemos que nuestras exportaciones se orientan a mercados mundiales que serán poco propicios en los próximos meses, ya sea porque están en recesión como Europa, Estados Unidos o Japón, o porque han devaluado sus monedas como Brasil, Chile y México. Más del 80 por ciento de nuestras exportaciones serán afectadas por estos hechos, lo cual nos debe inducir a revalorizar el rol potencial de nuestra actividad productiva orientada hacia las exportaciones y su impacto en mantener los niveles de empleo y producción, particularmente en el interior del país.

El año pasado, América Latina registró un nivel de inversiones directas externas de 82.000 millones de dólares, alrededor de un 14 por ciento por encima del nivel del año 2000, cuando la Argentina era el tercer país receptor de inversiones con alrededor de 10.000 millones, apenas superada entonces por Brasil y México. Pero el año pasado no fue bueno para la Argentina que apenas recibió inversiones productivas por 5.000 millones, un nivel no solo muy inferior al de México y Brasil, sino que ahora también inferior al de Chile, Colombia y Perú.

Si las inversiones externas se expresan en función del PBI nuestro país aparece muy rezagado en apenas la posición 21, sobre un total de 26 países de América Latina. Esta evolución no es positiva para nosotros, ya que evidencia una marginación de las grandes corrientes de inversiones globales esenciales para la modernización productiva y el avance tecnológico.

Esta marginación es un obstáculo a los esfuerzos que estamos haciendo ahora para capear el temporal.

En el 2008 la evolución relativa de los precios de las exportaciones e importaciones determinó una mejora de casi el 5 por ciento para el conjunto de la región, una cifra que duplica la del año anterior. Según la CEPAL este fue el séptimo año consecutivo en que América Latina registra mejoras en sus términos de intercambio, alcanzando un importante incremento respecto de 2001 del 28 por ciento.

Esta evolución de los precios internacionales también fue muy favorable para Argentina, que registra un alza del índice de sus términos de intercambio por encima del promedio de la región (32 por ciento) superada apenas por países petroleros o mineros como Venezuela (215 por ciento), Chile (90 por ciento) y Bolivia (54 por ciento).

Argentina se vio muy favorecida en estos últimos años por la suba de los precios agrícolas, pero también de los hidrocarburos y la minería, ya que es uno de los pocos países del mundo con aptitud exportadora en estas áreas de los recursos naturales. Lamentablemente no se constituyeron fondos precautorios anticíclicos como prudentemente hizo Chile, que ahora puede enfrentar esta grave coyuntura internacional con amplios recursos financieros.

Si uno observa el comportamiento de nuestras exportaciones en los últimos años observará un fuerte incremento, explicado más por los aumentos de precios internacionales que por mayores volúmenes exportados.

Es así cómo países como Bolivia, Perú, Chile, Ecuador, Brasil, Nicaragua, Venezuela y Paraguay vienen aumentando sus exportaciones más que nosotros. Como los altos precios son ya cosa del pasado, ahora el camino a recorrer es más arduo ya que ahora habrá que incrementar la producción exportable. Para esto es necesario comenzar a desmontar ya mismo el mecanismo de las retenciones que sirve para recaudar mucho pero al mismo tiempo es la mejor receta para la parálisis de las inversiones productivas. Nuestros gravámenes al comercio exterior superan en 7 veces a los del Brasil y en 8 veces a los de Chile. Es hora de reducirlos.

Nuestro ciclo económico apunta a la recesión por eso es crucial implementar sin demoras una política anticíclica, estimulando la demanda global que mayor impacto tenga sobre el aumento del empleo y la producción.

El aumento en el gasto público no es el mejor mecanismo, si se quieren acelerar las obras públicas para mantener la actividad se tropezará con los vericuetos de la burocracia y mientras más urgencia haya en avanzar en los proyectos mayores serán los desvíos por sobrecostos.

Es conveniente reducir los impuestos que traban directamente la producción, por eso hay que empezar con los impuestos que afectan las exportaciones, lo cual estimularía a todas las economías regionales.

Hay que eliminar ya todos los impuestos a las exportaciones de manufacturas industriales, no tiene ningún sentido ahora gravar, por ejemplo, las exportaciones de calzado, indumentaria, vehículos, plásticos, motores, aluminio y siderurgia.

También hay que eliminar los impuestos que castigan a las economías regionales, como los vinos, frutas, ajos, tabaco, hortalizas, te, yerba y porotos. En cuanto a los productos agropecuarios habría que reducirlos y permitir aplicar una fracción al pago de impuestos nacionales.

La mejor manera de superar esta crisis global es fortalecer la inserción internacional de nuestro país no solo en América Latina sino en el mundo. Para ello es necesario mejorar la competitividad de nuestras exportaciones y también las perspectivas que se abren a las inversiones.
Señales

No pueden quedar dudas que se está gestando ya un ciclo recesivo en el país

Exportaciones

Urge una baja de las retenciones que paralizan la inversión productiva