Si se desprecia al que piensa distinto no se puede avanzar.

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Valentía, ese es el valor que escogió Felipe Solá en el cierre de su disertación en el Movimiento Productivo Argentino, “porque –según sus palabras- es una virtud que será muy necesaria en el tiempo que se viene”. Desde ese atril, el ex gobernador bonaerense puso en relieve sus diferencias con el kirchnerismo, pero llamó a construir un tiempo político en el que impere “el diálogo y la comprensión de las diferencias”.

El flamante titular del bloque peronista disidente protagonizó anoche una charla en la sede de la entidad que preside el ex presidente Eduardo Duhalde, a la que asistieron más de doscientas personas, entre las que se destacaban la diputada nacional Hilda Chiche Duhalde, el ex embajador Eduardo Amadeo, el ex titular del Banco Central de la República Argentina Javier González Fraga, los diputados nacionales Jorge Sarghini y Hugo Toledo y el ex ministro de economía bonaerense Gerardo Otero, entre otros.

Durante su intervención, en la que hizo un repaso por las razones históricas y sociológicas sobre las dificultades que enfrentan el país y América Latina para lograr su autodeterminación plena, y defendió la importancia de la acción política para alcanzar ese objetivo, Solá aprovechó también para profundizar en los motivos que lo llevaron a resolver su alejamiento del kirchnerismo.

“Con esta decisión hemos querido decir basta a una forma de hacer política en la Argentina, que se está dando desde hace un tiempo y que está siendo aceptada, inclusive por los medios, como parte del paisaje, y que se asienta sobre la premisa: ‘Compro al otro o lo ignoro’”, disparó el diputado, para luego precisar que se refería “al uso de dineros públicos para cambiar las conciencias, para conseguir comunicadores, para conseguir votos, opiniones de gobernadores e intendentes”.

Solá se quejó de que se ha instalado la idea de que “la política siempre fue así y siempre lo será”, pero destacó que durante los seis años en que ocupó la gobernación bonaerense descentralizó la gestión y el poder entre los intendentes, lo que de hecho impidió esa práctica extorsiva.

En otra crítica velada a la administración kirchnerista, Solá se atrevió a elaborar algunas máximas del buen gobierno: “Cuando uno gobierna tiene que animarse a que lo urgente no sea lo importante sino que lo importante sea urgente, además debe atreverse a superar la coyuntura para pensar qué hay más allá, y también debe animarse a cambiar algo esencial: en lugar de someter a los demás, convirtiéndose en una especie de asesino serial de la política, debe tratar de convencer para que lo sigan”.

Así, el ex mandatario bonaerense, que aseguró haber recibido la invitación para dar esta charla hace más de un mes, avanzó en ese ámbito amigable en el desarrollo de los argumentos que 24 horas antes lo habían llevado a anunciar su alejamiento del oficialismo junto a otro siete diputados, para integrar una bancada de 22 legisladores peronistas opositores.

En ese undécimo piso frente a la Plaza de los dos Congresos, sede del MPA, también estaban presentes dirigentes de la región, como el diputado provincial Osvaldo Mércuri, el ex senador provincial Eduardo Amalvy y el ex rector de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ), Omar Szulak,

En ese ámbito, Solá criticó la “obsesión por el cortoplacismo” que a su criterio expresa el oficialismo, “sin que importe nada cuáles son los problemas estratégicos de la Argentina”, y en ese punto cuestionó la aprobación reciente de “una modificación del sistema previsional que no tiene sustentabilidad a 20 años, que va a generar que alguien en ese momento, con una nueva moda ideológica, proponga una nueva privatización”.

“El cortoplacismo es la cultura de la foto, como la que se publicó un domingo con exclusividad para un medio luego de aquella reunión entre (el ex presidente Néstor) Kirchner y (el ex ministro de Economía Roberto) Lavagna”.

Solá recordó que, tal vez pecando de ingenuo, pensó que ese encuentro era “una jugada estratégica que implicaba la introducción en el peronismo de la controversia y el debate en el mejor sentido de la palabra”, pero admitió que se equivocó.

“Lo de Lavagna es increíble, fue como desvalijar lo trascendente, vaciar lo estratégico en función de una foto meramente táctica que duró 3 días”, recordó.

En otro punto de la charla, Solá también se refirió a la crisis financiera internacional, pero otra vez para cuestionar el modo en que se resuelven en Argentina las cuestiones más importantes, en contraste con lo que ocurre en los países centrales.

“Lo único cierto en el mundo hoy es la incertidumbre. Los presidentes y ministros de Economía de todo el mundo se reúnen permanentemente, en todo el mundo. Los únicos que no se reúnen son los dos o tres individuos que deciden por todos nosotros en nuestro gobierno. Entonces, antes de mandar una ley no puede prever que va a generar que esos fondos que están en el exterior pueden ser embargados porque pierden individualidad y pasan al Estado”, ejemplificó.

Luego insistió en que a algún ministro “se le podría haber ocurrido que esos fondos podían ser embargados”. “A algún otro se le hubiera ocurrido que el Estado se iba a convertir en socio mayoritario en muchas empresas luego de quedarse con los títulos que están en poder de las AFJP”, remarcó.

En otro tramo de su discurso hizo una convocatoria a un cambio de estilo político que apunte a la comprensión de las diferencias y al diálogo al señalar que “si se desprecia al que piensa distinto y si cualquier motivo es bueno para pelearse, no se puede avanzar en acuerdos estratégicos”, y cuestionó el destrato con el que el Gobierno trató a los productores agropecuarios.

“El campo está muy mal, con un terrible destrato y una de las peores sequías de la historia. Una porción importante de la población no tiene ningún diálogo con el gobierno. La sequía y la venganza están golpeando con mucha fuerza al campo”, remarcó.

Finalmente, vaticinó cómo será el próximo gobierno, del que auguró “que no va tener mucho poder”, pero deberá tener la responsabilidad de “reconocer la diversidad política y tendrá que hacer acuerdos básicos sobre seguridad, energía y transporte entre otros”.

“A lo mejor parece más débil, pero tendrá que tener la sabiduría de entender que llegar a acuerdos posibles de cumplir es mejor que imponer. No es un problema de formas, sino de fondo. El destrato, la descalificación del otro, la crispación está directamente vinculado con los problemas de la economía, de la inseguridad y con todos los problemas graves de la argentina”, razonó.

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