Triple Solá: guiño a Cobos, foto con Macri y elogio a Duhalde.

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Néstor Kirchner se quedó sin sinónimos despectivos para calificar a Felipe Solá. En Olivos, cambió aquel «Felipe es Felipe» por palabras más hirientes, comprobación -admisión, en rigor- de que la maniobra del ex gobernador lo hiere y, nunca lo dirá, lo aterroriza.

Autónomo, eterno líbero, Solá se reveló como un fantasma palpable: el único, por ahora, capaz de funcionar como enlace entre el diversificado elenco opositor. Desde Mauricio Macri hasta Julio Cobos, con escalas en Eduardo Duhalde y un tibio, incipiente diálogo con Elisa Carrió.

En pose de enemigo estrella, en la cima de la ola, Solá personalizó ayer los males nacionales: «El problema de la Argentina parece ser la perdurabilidad de los Kirchner en el gobierno». No eligió una tarima cualquiera; lo dijo en el MPA, el búnker duhaldista.

No lo escoltó el ex presidente interino. No fue necesario. Duhalde -que delegó el show en Carlos Brown- decidió menguar sus apariciones públicas desde el escrache en La Plata y, además, aceptó casi sin quejas una sugerencia de Solá de no aparecer juntos en la foto.

Sin embargo, y Solá no pondrá ningún énfasis en negarlo, el lomense fue una de las voces -posiblemente definitiva- que consultó el ex gobernador antes de abandonar el Frente para la Victoria. Nada es causal: 24 horas después de esa fuga, visitó el MPA.

Como si se tratara de un elogio, en tanto, Solá facturó ayer una seguidilla de cuestionamientos de funcionarios Massa, Abal Medinae intendentes, los peronistas del conurbano, por su decisión de abandonar el kirchnerismo. Centimetraje que computará como positivo.

Claro que los movimientos del diputado no se agotan, aunque quizá allí hayan tenido su origen, en Duhalde. Expansivo, Solá explora -y es explorado- desde varios frentes. Veamos:

El entendimiento más sólido que, hasta ahora, tiene el ex gobernador es con Mauricio Macri. Estuvo en línea con el jefe de Gobierno porteño en el diseño del anuncio del abandono del bloque del FpV al punto que Macri -que tiene como operador top en Buenos Aires a Juan José Alvarez- tuvo una tan sigilosa como esencial intervención para que al anuncio de la ruptura se sumen los legisladores que responden a los Rodríguez Saá, aporte que sirvió para superar el piso de los 20 diputados que le dieron a la salida de Solá mayor impacto.

También, a través del macrismo, se destrabó la negativa de algunos legisladores, entre ellos Jorge Villaverde, quienes se inquietaron por el modo en que, de manera inconsulta, Felipe los anunció por los diarios como soldados de su causa. Al final, Villaverde estuvo en la foto. A simple vista, Solá y Macri se abrazan por necesidad mutua -Solá quiere sostén; Macri necesita un candidato en la provincia en 2009- a pesar de que, en el largo plazo, podrían colisionar sus intereses si los dos arriban a 2011 con pretensiones presidenciales. Ese asunto queda, por ahora, encapsulado y no es motivo de debate. El viejo axioma renovado dice que no hay 2011 sin un 2009 que dañe a los Kirchner. Ambos adhieren a ese criterio. Esa sintonía se expresaría, seguramente antes de fin de año, en una aparición conjunta de Solá y Macri. La foto está agendada.

Aunque, en un primer momento, la idea de Solá es tomar cuerpo como referente de un peronismo sin Kirchner, para una segunda etapa trabaja sobre la idea de un entendimiento con Julio Cobos. El cobismo, interpretan los disidentes del PJ, es un sector con demasiado más despliegue que la buena imagen del vice -que no es poco- pero que, llegado el caso, podría aportar a un esquema global. De todos modos, gestual, Solá cedió la jefatura de su bloque a Enrique Thomas, diputado mendocino que responde a Cobos. Además, como Solá mira el ring bonaerense, no desconoce que el aporte que el grupo de radicales que levanta la bandera de Cobos en la provincia, puede marcar la diferencia en una elección que proyecta reñida. Hay un elemento más: a pesar de la incompatibilidad que, a priori, existe entre Cobos y Elisa Carrió, el eventual naufragio del proyecto del vicepresidente dejaría a la deriva a sus radicales bonaerenses que podrían, ante el dilema, terminar alimentando el pacto CC-UCR.

El caso Carrió, tímidamente, tiene también un apartado en el diario de viajes de Solá. Hay una línea abierta entre el ex gobernador y sectores del peronismo que integra la Coalición Cívica y empuja, en Buenos Aires, a Margarita Stolbizer -que se animó a festejar el Día del Militante en Lomas de Zamora con un grupo de peronistas-como candidata para el año próximo. El interés de esos carriosistas revela, hasta qué punto, Solá aparece como una figura atractiva. Igual, por ahora, es todo brumoso.

Otra pieza del ajedrez donde Solá empezó a moverse en varias direcciones es Francisco De Narváez. Respaldado por Duhalde, y con el madrinazgo de Chiche Duhalde, el diputado -que ya lanzó su candidatura a reelegir la banca en 2009- arrastra varios capítulos de tensiones con el ex gobernador. Se resiste, por ahora, a confluir en un espacio que lo obligue a ceder el tope de la boleta. Por lo pronto, Solá le abrió ayer una puerta al decir que es «momento de lograr consensos», cuando se le preguntó por su relación con De Narváez y no está cancelada una reservadísima vía de diálogos entre ambos dirigentes. El interés de acercar posiciones entre Solá y De Narváez proviene más que de los propios protagonistas, de dirigentes del PJ anti -K.

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